Crónicas Electorales VI: El Fantasma de los Presidentes Pasados

lopez obrador presidente

Crónicas Electorales VI: El Fantasma de los Presidentes Pasados

Un día después de las elecciones

Las puertas del hangar presidencial se abrieron, el viento fresco se coló por cada rincón y la luz iluminó la miniatura del Chema Morelos que había rearmado Toño Milk durante su estancia. Días atrás, había tomado la difícil decisión de renunciar a su candidatura con tal de mantenerse con vida. Él había sido el primero en escuchar la propuesta del General Pérez […]

Día de la muerte de Manolo Lópes

—En caso de optar por tu segunda propuesta, ¿exactamente qué clase de tarea me tocaría hacer? —preguntó el entonces candidato del RIP aferrándose a la posibilidad de ser presidente.

—Sería algo sencillo, Milk —explicó el General—. Simplemente tendrías que cumplir con todas tus obligaciones cotidianas durante una semana. Ya sabes, lo que cualquier hombre convencional hace, ir al trabajo, llevar a los niños a la escuela, alimentar a tu familia y, de ser posible, sacarlos a pasear un par de días. Todo esto con el salario mínimo.

A Toño se le borró el brillo de los ojos cuando escuchó la última condición, mas se puso a sacar cuentas en su cabeza confiado en que podría lograrlo. Sus compañeros, deseosos de absorber todos sus votos, se encargaron de desanimarlo hasta extinguir toda chispa de esperanza.

—No nos hagamos, esta prueba no se puede superar —aseguró el Potro—. Tú y yo sabemos que el salario mínimo nadie lo gana, tan solo es una unidad de medida. Es imposible vivir con eso, y mucho más para ti que estás acostumbrado a la buena vida de caviar y viajes en helicóptero.

—Puedo comer tacos de frijoles toda la semana, seguro que mi familia lo entiende. Y no me importaría andar en auto unos cuantos días.

—Si tú y el RIP no hubieran subido la gasolina, quizá te alcanzaría —intervino Richie—. Necesitarías como 10 salarios mínimos para llenar el tanque de tu camioneta.

—Consigo un Prius y listo. Seguro Quique tiene uno por ahí arrumbado que me pueda prestar.

—Hasta que te detenga un tránsito y en una mordida se te vayan dos días de salario —contrapuso el Potro.

—Yo nunca daría una mordida, ésas solo las recibo. Pero entiendo su punto, creo que la mejor opción será el transporte público.

—Suerte manteniendo tu cartera a salvo.

—¡De acuerdo! Usaré la bicicleta de mi hijo y problema resuelto.

—Hasta que salgas de la oficina y veas que se la robaron. Entonces usarás toda la semana de salario en un taxi y ni para los tacos de frijoles te va a sobrar.

Toño al fin se dio cuenta que, por más que buscara soluciones, le sería muy complejo cumplir con la misión y no pondría en riesgo su vida por unas elecciones. Grabó su video de renuncia, firmó los papeles y se le alcanzó a escuchar un leve suspiro de alivio.

—Me sorprende lo informado que está de los problemas en el país, Potro —dijo el General.

—¿Cómo no?, si yo soy hombre de pueblo. Me animo a aceptar su reto, ya verá cómo hago maravillas con menos de 100 pesos al día.

—No lo dudo, mas usted tendría que pasar otra prueba.

—¡Échela!

—Tiene que levantar exitosamente una denuncia; se dará cuenta al salir que le han robado su rancho. Sé que lo que le pido es una hazaña per se, pero para ponerle un poco más de sabor a la aventura, su única defensa será mi amigo, el Licenciado Paniagua. Él es un excelente abogado, mas debe usted saber que es homosexual.

—¡Faltaba más! Yo encantado de trabajar con él, soy un hombre respetuoso de los gustos que cada quién tenga.

—Eso no importará cuando se entere que su cliente dijo que el matrimonio igualitario son puras zonceras —le recordó Meade con un aire de despreocupación.

—Además, levantar una denuncia en menos de una semana es prácticamente imposible —añadió Richie—. Te lo digo yo que soy experto en eso. Casi, casi, mejor te recomiendo que vayas a la ONU a quejarte, seguro que ahí te atienden más rápido.

—Mi gente del norte es diferente, ya lo verán.

—De diferente trato a los homosexuales, será —dijo Toño—. Adelante, más te vale tener absolutamente todos los recibos de compra de las pertenencias que te han robado, porque si no, nadie te va a hacer caso en el Ministerio Público.

El Potro consideró todas sus opciones y resolvió que no valía la pena esforzarse tanto por una causa perdida. Era consciente que pasaría toda la semana intentándolo y al final no le regresarían ni un tenedor. De cualquier forma, él tenía asegurado su lugar en el gobierno de su pueblo al terminar los comicios. En un par de minutos filmó su renuncia y plasmó un par de firmas en los documentos que le entregó el General.

Richie Canaya no podía creer la posibilidad que tenía frente a sí. Tras meses de campaña, tan solo tenía que cumplir una sencilla tarea y sería presidente de la república.

—Yo acepto el reto —dijo envalentonado—. Supongo que a mí me tocará lograr que me atiendan en el seguro social.

—Ni siquiera yo sería tan desalmado, Canaya. Nunca le pondría una faena imposible de llevar a cabo. Además, en el remoto caso de que lo lograra, muy probablemente saldría con alguna enfermedad y mi intención no es que muera en el proceso. Eso solo ocurriría si fracasa.

—Si no es como en los hospitales privados de Atlanta —dijo entre risas el Potro.

—Lo que usted tendrá que hacer —continuó el General—, es abrir su propia empresa. Eso es todo. De la forma legal, sin palancas ni la ayuda de su amigo Badeiro. ¿Se anima?

—Richie, si no puedes presentar tu 3 de 3 en forma, ¿qué vas a andar organizando la documentación necesaria para abrir una empresa en menos de una semana? —lo disuadió Milk.

—Será fácil. De hecho, llevo tiempo queriendo abrir una galería de arte, ¿qué tan difícil puede ser?

Las carcajadas de Toño y el Potro retumbaron en el hangar mientras se revolcaban en el piso del dolor de panza. Incluso el General sacó una sonrisita que puso a Canaya casi del mismo color que su movimiento naranja.

—Richie, en este país la gente a lo único a lo que le pone menos atención que al arte es a las incongruencias de Manolo —advirtió Milk—. Además, sin Badeiro a tu disposición, tendrías que conseguir recursos para abrir tu galería y el presupuesto de cultura y arte no alcanza más que para un par de becas al sexenio.

—E incluso si lograras abrir tu galería —agregó el Potro—, los permisos de bomberos, uso de suelo, protección civil, licencia de funcionamiento y demás, tardarán mucho más de una semana.

Con la quijada apretada y conteniendo las lágrimas, Richie reconoció que no había manera de lograrlo en tiempo y forma. Hizo su anuncio a regañadientes y se sentó con los brazos cruzados a esperar que pasaran las elecciones.

Un día después de las elecciones

fantasma de amlo

—Deben saber que desde que los ciudadanos escucharon sus videos de renuncia, los conflictos en las calles cesaron y ha colmado una paz nunca antes vista desde entonces —explicó el General Pérez a sus rehenes.

Una vez que les dio la autorización de partir, Richie corrió despavorido sin siquiera despedirse de sus compañeros de hangar. Toño volteó al cielo alzando los brazos, le hizo un gesto al Potro y al General y se fue directo al primer puesto de tortas de tamal que encontró en la calle.

—Pues muchas gracias por salvarnos de las garras de estos cretinos —dijo el Potro tendiéndole la mano al General—. Solo una pregunta, si se puede saber, ¿quién mató a Manolo?

El General esgrimió una mueca de complicidad y le guiñó el ojo.

—Manolo Lópes se mató a sí mismo. Él sabía que era la única forma de ganar las elecciones.

—¿A tal grado llegaba su ambición de poder?

—Lo cierto es que ya había muerto en vida. Hace tiempo que se había convertido en aquello que prometió destruir. Con tal de sumar votos a su causa, reunió a su propia mafia de poder conformada por criminales, timadores, maestros corruptos, actores vendidos y exfutbolistas poco letrados. Adquirió a sus contratistas favoritos, consiguió el apoyo de los sindicatos y en el proceso traicionó los principios sociales de su supuesta ideología de izquierda. Para él iba a ser muy difícil cargar con esa cruz siendo presidente.

»Si me lo pregunta, yo lo veo como un mártir de la democracia. Decidió quitarse la vida y liberó al pueblo de los políticos. Ahora que la gente no cuenta con un líder en el gobierno, deberá valerse por sí misma; ya no tienen a alguien de quién depender ni a quién culpar por sus problemas. De ahora en adelante, todas las buenas propuestas que ustedes dieron durante la campaña, serán llevadas cabo con nuestras manos. Y no solo eso, sino que podremos aportar nuestras propias ideas.

»Manolo Lópes le ha dado a la nación el mejor regalo que podíamos pedir: la libertad de llevar a nuestro país por el rumbo que nosotros decidamos. De nosotros dependerá hacia dónde dirigirlo.

FIN


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