Crónicas Electorales: El Asesinato de Manolo Lópes

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Crónicas Electorales: El Asesinato de Manolo Lópes

Las multitudes se acumulaban en el zócalo capitalino, no daban crédito a sus ojos. La tragedia más temida en la nación de los tacos y el tequila había ocurrido a tan solo unas semanas de las elecciones: Manolo Lópes había sido asesinado.

La vergonzosa escena provocaba rostros desencajados, ceños colmados de furia, cejas arqueadas, miradas incrédulas, varias lágrimas y hasta un par de risitas. La bandera tricolor tendida en el piso daba muestras de un luto sin precedentes. El candidato a la presidencia que había prometido “juntos hacer historia” estaba muerto, mas su promesa permanecía con vida.

Y es que toda historia que valga la pena ser contada involucra algún asesinato. Así lo han demostrado Quentin Tarantino, Dan Brown, George R. R. Martin o hasta el mismísimo Shakespeare. La ficción vive de la sangre derramada por los celos, la venganza, el fanatismo religioso, la sed de poder, la supervivencia o el simple ocio. Y en escasas ocasiones, cuando la realidad ha superado a la ficción, la muerte de un reconocido personaje se ha encargado de darle dirección al rumbo de la humanidad desde tiempos inmemorables.

La crucifixión de Jesús creó una nueva fe y cambió el calendario; el homicidio de Luther King aceleró el movimiento de los derechos civiles; el archiduque Francisco Fernando desató la Gran Guerra desde la tumba; y 4 balazos en la espalda de Lennon le dejaron el camino libre al reggaetón. El deceso de Manolo Lópes no podía ser la excepción, sobre todo considerando las circunstancias bajo las que se presentó.

El candidato puntero a la presidencia de la república había obtenido el cariño de la gente con su sonrisa senil, sus chistoretes pintorescos y una larga campaña de más de 12 años basada en una humilde trayectoria libre de manchas. Pero como todo buen líder, también tenía detractores casi en iguales proporciones.

El país estaba más dividido que nunca. De un lado, se encontraba la gente buena esperanzada en un mejor futuro; del otro, monstruos ambiciosos envueltos en las nubes de las más altas esferas a los que Manolo conocía coloquialmente como la Mafia del Poder. Mientras estos mafiosos se llenaban los bolsillos con el dinero de la clase trabajadora, Manolo acumulaba abrazos y cariño por montones de unos fieles fanáticos que ya hubiera querido Obama. Mientras estos sinvergüenzas limitaban las membresías de su club a empresarios saqueadores, Manolo abría su círculo de amistades a luchadoras sociales acusadas de secuestro o líderes sindicales prófugos de la justicia. Manolo era un fiel creyente de la inclusión.

Sin embargo, 2018 trajo consigo un gran quiebre al interior de la Mafia del Poder. Gracias a su desorganización, Manolo se hallaba cómodo en primer lugar de todas las encuestas electorales. Y aunque era bien sabido que estos mafiosos estaban dispuestos a todo por evitar que Manolo se sentara en la silla presidencial, ni siquiera el más sínico de los periodistas sicarios del Twitter se hubiera atrevido a imaginar que el mesías de la democracia amanecería colgado del asta del zócalo, en calzones, despeinado, sin su blanca sonrisa y con una marca de sangre en la frente que leía: «Manolín Pobrecín Malandrín» […]

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Esta historia continuará. Mantente al tanto en el blog de A. G. Güitrón y descubre al responsable del asesinato de Manolo, así como las consecuencias de tal tragedia. 

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