Crónicas de la 4R: El Examen para Votar

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Crónicas de la 4R: El Examen para Votar

—Señor Pérez, ¿podría por favor mencionar a tres candidatos para la presidencia de la república?

—Claro que sí, señorita. Uno, Manolo Lópes, por supuesto. Dos, el mesías de Tabasco resucitado. Tres, emmm, algún corrupto del RIP.

—Disculpe, pero dos de los tres candidatos que ha mencionado son la misma persona —contestó la examinadora haciendo un par de anotaciones en su libreta.

José Pérez no entendía por qué tenía que estar respondiendo a esas preguntas. No estaba de humor como para el examen de historia. A él le prometieron comida gratis y ni siquiera un café le habían ofrecido hasta el momento.

—Bueno —dijo José—, ¿y qué importa quiénes sean sus rivales? Todos sabemos quién es el único bueno. ¿No será usted parte del equipo fifí, verdad?

—Señor Pérez, mis preferencias políticas no están a discusión en este cuestionario. Mi único trabajo aquí es asegurarme de que usted es apto para participar en las próximas elecciones.

—De tal forma que no me va a dejar votar sólo porque a usted no le cae bien Manolo. De esto se va a enterar la prensa, ya lo verá. Es un escándalo.

—No señor, todo ciudadano debe certificarse para votar sin importar la decisión que vaya a tomar en las urnas.

—¿Cómo es que Manolo permitió tal circo? —cuestionó José incrédulo.

—Aún seguimos siendo una república representativa y democrática, señor. No todo lo decide él.

—Muy bien, entonces apúntele muy bien en la libreta porque usted no me va a intimidar con sus preguntas intelectualoides. Los candidatos son el Licenciado Manolo Lópes Resucitado, Tipo Corrupto del RIP 1 y Tipo Corrupto del RIP 2.democracia fallida

La examinadora se encogió de hombros y prosiguió con su cuestionario.

—¿Usted está aquí por voluntad propia?

—Sí, señorita.

—¿Le han ofrecido alguna recompensa o remuneración para venir a obtener su certificado de votante?

—Por supuesto que no, estoy aquí por voluntad propia y porque quiero ayudar a mi país.

Ya le habían advertido de esta pregunta y José había ensayado a la perfección su respuesta. Jamás echaría de cabeza al jefe sindical porque se quedaría sin trabajo o, peor aún, sin prestaciones.

—Conoce los nombres de los candidatos para diputaciones en su distrito? —continuó la señorita.

—¡Nombre! Si a dura penas recuerdo el nombre de todos mis hijos y usted quiere que sepa cómo se llaman un montón de sanguijuelas.

—Señor, si usted va a elegir a los representantes de todos los ciudadanos, su responsabilidad es estar informado y por lo menos saber quiénes estarán en la boleta.

—Si estoy bien informado. Sé que ninguno sirve para nada. Yo confío en el candidato del partido de Manolo. Mi voto va todo parejo. Es mi derecho.

—De acuerdo. Señor Pérez, ¿puede mencionar al menos una función de los senadores?

—Hasta tres funciones le digo: robar, mentir y dormir. Y todos lo hacen muy bien.

La señorita examinadora se ajustó los lentes sin poder argumentar algo en contra.

—Por último —continuó—, ¿cuál sería su reacción en caso de que su candidato favorito no resultara electo?

—Todo está arreglado, ¿cierto? —contestó José enfadado—. ¿Para qué nos hacen venir a perder el tiempo si ya saben quién va a ganar?

—No señor, sólo es parte de la prueba.

—¿Y quién hizo esta prueba de mierda? Si yo quisiera hacer un plantón en el zócalo tras el fraude, ¿qué?

—Está en su derecho, señor.

—¡Eso esperaría! Lo bueno que ya tenemos a la Guardia Nacional para protegernos de neoliberales fascistas como usted y sus amigos.

La señorita examinadora lucía muy incómoda. Sabía que José Pérez no era apto para votar, pero no se atrevía a ir en contra de las indicaciones de su jefe.

—Señor Pérez —titubeó al comenzar su veredicto—. Me es un placer anunciarle que… —la señorita tragó saliva y en un arranque de deber civil, sin pensarlo dos veces, tomó el sello rojo de su escritorio—. Su solicitud ha sido rechazada. Usted no puede votar en las próximas elecciones.

En ese momento, sudando frío, Manolo despertó de su terrible pesadilla.


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